CAPÍTULO 1: Carlos: BIPOLARIDAD ORGÁSMICA
Contarle a tu mejor amiga al respecto, ya lo hace importante, sino, él es solamente un dato más…
Duda invasiva… Si en algún momento los hombres lograran conocer el momento justo en el que se convierten en el “nunca más” de una mujer… ¿Seguirían adelante?
Esta pregunta me dio vueltas por la cabeza durante más de media hora mientras veía como Carlos tranquilamente me daba la espalda y veía su celular, navegando entre aplicaciones, y tapándose por el frio mientras yo estaba atrás de su espalda con cara de… ¿WHAT?
Carlos fue alguien muy especial… en su momento. Algo único que nunca había probado que obviamente genero una gran descarga de endorfinas durante varios años y uno que otro encuentro sexual. ¿Por qué? Porque era mi amigo mucho antes de convertirse en mi amante. Y porque en el primer beso, me exploto una serie de fuegos artificiales en la boca y claro, en la entrepierna. La única forma que tengo de describirlo es: su boca fue creada para embonar con la mía a la perfección. Así de bien sabe besar.
El era el típico chico que es increíblemente agradable, bromea contigo, y la pasas genial a su lado, durante años fuimos los buenos amigos, y aunque de vez en cuanto surgían bromas de algún acercamiento sexual, debo confesar que nunca las creí ciertas; no porque pensara que no fueran posibles o que el no no fuera atractivo (lo cual si lo es, vaya que lo es). Pero en fin… cuando el destino decidió que no nos viéramos más, por cuestiones laborales, Carlos y yo, igual manteníamos algo de contacto gracias a las nuevas tecnologías que hoy en día son prácticamente mi método de interacción social más frecuente, no preferido, pero si frecuente, por… ya saben… la vida.
Así pues… Carlos decidió, después de algunos años de poco contacto, lanzarse el mismo al abismo que separa a dos personas, comúnmente conocido como “friendzone”
Y la verdad, con toda sinceridad puedo decir que aun y cuando mantengo un muy alto grado de abertura y deseo sexual, jamás lo había visto especialmente a él con ojos de “cuídate que te encuero” Sin embargo, ese día algo mágico paso, se lanzo a un beso imposible de evitar (el de los fuegos artificiales) y ZAZ! Mi cuerpo vibro al contacto y mi cabeza entro en algo que solo puedo describir como un shock eléctrico. Sus besos eran apasionados, perfectos, rítmicos, con el movimiento perfecto, su lengua suave, cálida y vigorosa me hizo sentir una pulsada entra las piernas que envió un mensaje directo al cerebro: ENJOY!
Creo que en este punto es necesario hacer mas hincapié en lo perfecto que era su beso, porque en verdad, ese hombre sabia perfectamente bien lo que estaba haciendo, además de todo, como ya lo mencione, tenia una sensación como si su boca hubiera sido construida específicamente para embonar con mi boca. La sincronía era perfecta, no le faltaba nada, entre lo tierno y apasionado del beso me daba unas pequeñas morididitas que electrizaban todo mi ser y mi clítoris principalmente.
Después de ese beso de campeonato, Carlos decidió no permitir ni un milímetro de separación entre nosotros, supongo que pensó que si me soltaba, no podría volver a llegar a ese punto, porque pausar ese perfecto beso, habría sido la muerte. Entonces con sus dos brazos comenzó a acariciarme lentamente hasta que de pronto, le tenia ya con una mano dentro de mi pantalón, obviamente no iba a reclamar ni un poco, sus dedos eran simplemente mágicos y entre su lengua en mi boca y sus dedos en mi clítoris, la fiesta ya había empezado. Debo admitir que yo sufro de algo terrible llamado Alzheimer sensual; es decir, me olvido de todo apenas me pongo caliente.
Sospecho que Carlos se dio cuenta de eso porque se le veía tremendamente feliz de mi total entrega al placer de sus dedos y su lengua. Yo mientras tanto, no supe en que momento me quede desnuda, supongo que en algún gemido que no pude contener mas, aprovecho para retirar mi camiseta de unicornio por encima de mi cabeza… supongo también que en alguna encorvadura de mi cuerpo por algún espasmo de placer, aprovecho para quitarme el pantalón… solo se que en algún punto estábamos ya completamente desnudos y derrochando placer.
Los años pasaron, el encuentro no se repitió y la vida siguió, sin embargo el recuerdo de su delicioso y enorme pene entrando y llenando todo mi interior siguió vivo en diferentes etapas de mi vida. Es curioso como uno anda por la vida deseando tantas cosas y el resto del mundo ni si quiera se inmuta un poco. Ahí estaba yo un día, manejando en medio del peor tráfico de mi ciudad, con las bragas absolutamente empapadas recordando un encuentro furtivo con un “amigo” que no había vuelto a ver. Oh Carlos… Gracias por tantas noches de placer que me dio tu imagen…
Volviendo al presente… Carlos se volvió en un “nunca más” hace exactamente 90 minutos, al parecer mi desprecio al futbol me hace una de sus jugadas y se presenta como desafiante en mi historia de amantes desechados. Pues bien. Les explico. Carlos me volvió a contactar.
Obvio al ser mi amigo le conteste y hablamos deliciosamente, quedamos de vernos y todo fue maravilloso. El estaba totalmente diferente al chico con quien me había acostado hacia años, tenia algunos tatuajes que me derretían y claramente había madurado muy bien.
No puedo sacarme de la cabeza la mirada que tenia en el momento preciso que decidió marcar un camino desde mis senos hasta mi vulva… una mirada entre ese caminito que iba marcando con la punta de su lengua… una mirada que calentaba aún más el momento.
Carlos me hizo un oral, tan rico que no pude seguir con el contacto visual, los espasmos que me dejaban los orgasmo me hacían gritar que parara pero mis manos lo obligaban a quedarse justo ahí. Ese chico tenia magia en la lengua. ¿Y en su verga? ¡UF! Después de correrme varias veces en su boca, y estando ya en una especie de catarsis, el chico mágico decidió subir a terminar su trabajo y de un solo golpe me penetro fuertemente hasta el fondo. ¡Que embestida! Una, dos, tres… deje de contar… Entre a mis 5 sentidos hasta que el se acostó a mi lado cuando termino de gruñir gracias a su orgasmo.
Pero después de 4 encuentros llegue a notar su modus operandi sexual, lo cual podría sonar algo aburrido saber que su actuar era exactamente el mismo en cada encuentro, yo estaba más que dispuesta a llevarlo a cabo sin sacarlo de su seguridad. Me parecía un poco extraño, sin embargo igual lo disfrutaba. Su lista de quehacer era básicamente:
- Saludo
- Cervezas
- Platica constructiva
- En medio de la conversación, cuando siente que ya estoy “cómoda” se va acercando a mi
- Cuando le da la gana, se lanza y empieza a besarme, solo besos, no me toca los senos, no me masturba, ¡NADA! (léase con un buen tono frustrado) pero acto seguido, con una deliciosa voz gutural que hace que vibren los bellos de los brazos me dice: “Vamos a mi habitación”
- Guarda todo, cierra todo, apaga todo y subimos.
- Entro a la habitación, lo veo dejar sus cosas, poner música, cerrar la puerta, traer cervezas, dejar a la vista su teléfono y entonces…al ataque
- Su primer movimiento: llegar sobre mí a besarme
- Su segundo movimiento: quitarme absolutamente toda la ropa mientras besa solo un poco mis pezones (y yo gritando ¡más por favor!)
- Bajar a hacerme sexo oral (ooooh… si!!!!)
- Desnudarse el
- Penetrarme.
Deliciosas penetraciones con un buen ritmo, plenas, duras pero sin perderse, lentas pero emotivas, viéndome a los ojos… oooh ¡esos ojos! Y a partir de ahí… empieza un maravilloso y pleno maratón sexual que es la base de cualquier noche de masturbación solitaria.
Pero Carlos perdió el toque… decidió cambiar su modus operandi después de 4 sesiones candentes que me hacían desear volver por más y más.
¿Qué hizo ahora? Entre a su casa y, como si llevara 3 años enjaulado siendo estimulado constantemente por increíbles amazonas que decidieron liberarlo de su cautiverio, se me lanzo encima directo a besarme y masturbarme al mismo tiempo, lo cual llevo al cielo gritando ¡Siii!, y me hizo pensar “muy bien precioso, ¿cambiando tu entrenamiento? Excelente, vamos a por ello… me apunto sin duda alguna.
Me desnudó, me masturbo y mientras él se iba quitando la ropa, no pude más que ir directo a su gran y maravilloso pene. Es de los pocos penes a los que definitivamente les haría un altar. ¡Oh Dios! Eso si es hermoso, imposible describir la perfección de ese pene. Es simplemente hermoso.
Verlo moverse tranquilamente por sus caderas me despertaba un frenesí único y la boca se me hacia agua del deseo de tenerlo en lo más profundo de mi garganta disfrutando de su majestuosidad. Me detuvo poco antes de terminar y nos sentamos en el sillón a disfrutar de la posición de “la amazona” que me provoco el primer jugoso orgasmo. Hasta ahí. Todo está perfecto… recuperamos el aliento y antes de poder decir nada, vuelve a hacer esa voz gutural que me vuelve loca, una voz llena de erotismo que dice “Vamos a mi habitación” y mi marejada Venus grito ¡POR SUPUESTO!
Debo decir además que uno de los atractivos más maravillosos de Carlos, y que sinceramente no he logrado encontrar en algún otro amante, es el de poder ir por el siguiente «round» sin apenas descansar. Es increíble la capacidad que tiene ese hombre para recuperarse y volver a empezar en segundos.. y obvio, yo lo agradecía.
Oh Carlos… si hubieras seguido por ese camino, no estaría en este momento conduciendo muy muy lejos de ti, para nunca volver.
Una vez en su habitación Carlos hizo su mismo ritual antes de venir a mis brazos en la cama, pero esta vez, simplemente se acostó a un lado mío, no hay problema, puedo esperar un poco de tiempo para retomar tu rigidez, y yo estoy más que dispuesta a darte ese tiempo, puesto que se que no es mucho lo que necesitas, pero dejemos algo claro, no puedo estar simplemente esperando, habla conmigo, juega con mis pezones, mírame a los ojos, tómame del pelo, dime los lugares donde te gustaría sentir mi lengua y lo más importante de todo, dame la oportunidad de decirte lo mucho que deseo tener al menos uno de tus testículos en el fondo de mi boca jugando y exprimiendo ese delicioso saco depilado que se que tienes entre las piernas… Pero no…
Carlos solo se acostó y decidió no seguir ninguna de las conversaciones que empecé a plantear desde el momento que su desnudes rosaba mis dedos dando círculos lentos y desesperados.
Los minutos pasaron y me acosté, lo cual fue buena idea ya que al poco tiempo se gira hacia mí y empieza a besar y succionar uno de mis pezones, lo que me hace pensar que por fin, ha vuelto a mí el Carlos que conozco. ¡Y si! Se subió al “Misionero style” y sin ningún tipo de advertencia me penetra fuertemente y hasta el fondo haciéndome encorvarme y gemir de placer con una sola estocada. Exquisito, rítmico, cautivador, hasta que lo veo y oigo gritar de placer al terminar en un ruidoso orgasmo que me hace vibrar y morder uno de sus oídos seductores que rosaba mis labios justo en la última invasión a mi golosa vagina que gritaba ¡SI!
Ahí terminó todo, termino el encanto, termino la pasión, termino el deseo, termino mi amante y termine yo… y sin saber terminamos relaciones.
Su siguiente movimiento fue retirar su glorioso pene de mi aun palpitante vagina y recostarse a mi lado, dándome la espalda y taparse hasta el cuello para apagar la luz y sin decir absolutamente nada dormir… ¿En serio? ¿Ni siquiera vas a verme? Está bien, no hay problema, acaba de eyacular y seguro está cansado… por una hora completa.
Por una hora lo vi no mover un solo musculo de su cuerpo, después tomar el teléfono, juguetear un poco y volver a apagarlo, repetir el proceso 3 veces y yo pensando ¿Se dormirá? ¿QUÉ HAGO AQUÍ?… Nada… esa es la respuesta, yo ahí no hago ¡NADA! Y así… en cuestión de minutos, mi querido Carlos entro al grupo de mis amantes “Nunca más”.
Espere un poco más y aún confusa le dije «Ya me tengo que ir». Honestamente me hubiera ido yo sola media hora antes, pero lo necesitaba para obtener las llaves y abrir la puerta.
Ese día me fui furiosa de su casa. Después de un tiempo lo entendí. No fue su actuar de la noche lo que genero mi furia en el centro de mi ser… fue algo más grave, algo que definitivamente no había contemplado y que cuando lo descubrí, me derrumbo por completo: La había cagado. Hice la única cosa que tenia prohibido hacer con Carlos. Me enamore. Y sabiendo perfectamente que con el jamás obtendría nada mas que chistes, risas, una cerveza, un buen rato, amistad y deliciosos orgasmos, pero nunca nada más, decidí que ese «nunca más» me ayudara a superarlo y olvidarlo.
Diagnostico: Bipolaridad orgásmica
Carlos era maravilloso, simpático, alegre, atento, educado, elegante… eyaculaba y se convertía en un patán de primer grado, lo cual absolutamente entra en mi lista de cosas que no estoy dispuesta a soportar por un buen polvo.
Me fui. Me despedí y me fui, y ahora dentro de mi coche, encendiendo el primer cigarro de la noche, realmente insatisfecha sexualmente (ya que mi expectativa era toda una larga noche de orgasmos), y sabiendo que Carlos no volverá a insertar su mágica lengua dentro de mis agitadas entradas, me pregunto… Si en algún momento los hombres lograran conocer el momento justo en el que se convierten en el “nunca más” de una mujer… ¿Seguirían adelante?
Si Carlos supiera que justo dentro de mi bolsa cargaba una buena colección de lubricantes comestibles, joyas anales, térmicos y juguetes que nos hubieran dado muchos momentos para recordar… ¿igual hubiera tomado la decisión de aceptar su bipolaridad orgásmica sin duda alguna?
Creo que nunca lo descubriré. Pero descubrí que perdí un amante… lo cual me tendrá en sequia durante un buen tiempo. Y tendré que recurrir a las noches de masturbación solitaria que la verdad no me hacen mucha gracia, porque no solo Carlos sufre trastornos… Yo tengo los míos propios. ¿Quieren conocerlos? Despídanse de Carlos. Y de su majestuoso pene. Y de esa jovial lengua (Snif) Adios Carlos. Un placer. O varios…
